Blog

ATRÁS

Ciudad pequeña

  • pruebas
  • por Administrator
  • 07-02-2014

Ya van dos. ¿Seré gafe? Esta tarde iba de camino a casa cuando he pasado por una bonita terraza en la que... ¡Ups! Charlaba animadamente un querido cliente mío junto a unos amigos. ¡Menudo corte! ¿No habéis temido nunca que vuestros dos mundos se crucen? La verdad es que aunque le tenga mucho aprecio, no me ha gustado encontrármelo. Y creo que a él tampoco, aunque no estoy segura porque nuestras miradas se han cruzado sólo una décima de segundo. ¡Y que largo se me ha hecho! Pobrecito mío, la próxima vez que le vea le daré una ración de mimos extra para que me perdone la cara de susto que he puesto.

Pero... ¡Es que hace unos meses me pasó algo peor! Un caballero con muy buen gusto en comida y en mujeres (jeje) me invitó a cenar a un sitio maravilloso y muy discreto. Era uno de esos días de entre semana en que hay pocas mesas ocupadas y encima llegábamos en el segundo turno. Pues ahí que estábamos él y yo en medio de una interesante charla cuando noto una mano sobre mi hombro y oigo una voz familiar: "¡Hombre! ¿Qué haces tú por aquí?". ¡Era una compañera de trabajo que estaba cenando con sus amigas! Me puse roja como un tomate (o al menos mis mejillas estaban ardiendo), me levanté para darle dos besos y se quedó mirando mi bonito vestido como diciendo "Cómo te las gastas, nena". Y yo aguantando el tipo como podía le dije de la forma más natural que me salió que nada, que estaba cenando con un amigo, que nos habían dicho que el restaurante estaba bien y tal.

Al marcharse con sus amigas, mi acompañante me aseguró que no se había notado que estaba nerviosa. Y yo hice como que me lo creí. Pero el temblor de mis piernas decía otra cosa...

En fin, creo que todo esto hay que tomárselo con humor y naturalidad. Se que ni en el menos de los casos la gente que me conoce 'en mi otra vida' pensaría que soy escort. Aun así, creo que con dos experiencias de este tipo basta, ¿no cree usted, señor destino?