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ATRÁS

'Part time' escort

  • por Anna
  • 01-04-2019
Anna Alba, independent escort Barcelona

Esta mañana me he despertado en un hotel de Barcelona después de una noche maravillosa. Un reencuentro con un querido amante que hacía más de un año que no veía. Nos pasamos la tarde enredados en la cama, luego fuimos a cenar y regresamos a esa misma cama a enredarnos de nuevo hasta quedarnos dormidos. Me he despertado con unas vistas maravillosas, pero no he podido disfrutarlas demasiado porque tenía que ir a la oficina. Y es que... Madre mía! Mi vida es intensa. Justo esa es la palabra que me ha venido a la mente.

No me arrepiento. Es la que he elegido. Es la que quería. Y aunque a veces esté un poco agobiada, ser escort me permite ser más libre en mi trabajo 'decente' y tener un trabajo 'decente' (ay, me da la risa cuando escribo esa palabra!) me da más libertad para ser escort a mi manera. Es una vida de malabarismos, pero puede que naciera con complejo de artista de circo.

No obstante, esta loca aventura de ser una agente doble me ha hecho pensar. En ocasiones, otras compañeras han criticado (y con mucha mucha razón) que algunas escorts utilizan el hecho de que tienen 'otro' trabajo para vender una imagen de más exclusividad. Por decirlo alto y claro: Para decir que son menos putas. Es decir, para situarse por encima de otras mujeres y estigmatizarlas. Eso no va conmigo. Para nada. Mi éxito (o no) como escort nunca dependerá de pisotear a otras, sino de ofrecer la mejor versión de mi misma.

Sin embargo, confieso que a veces me siento un poco sola y, aunque es verdad que hay algunas chicas que se comportan así, creo que es un estereotipo que no casa con la mayoría de nosotras. Así que, si estás leyendo estas líneas y también divides tu vida entre dos trabajos, quiero que sepas que sé de tu esfuerzo. Que entiendo cómo trabajas de duro para sacar adelante tus dos sueños. Cómo te esfuerzas por ser única y genuina tanto en un mundo como en el otro. Cómo sacas energías de donde no las hay. Se de tus largas jornadas  en la oficina después de haber dormido pocas horas. De tus bolsos enormes con todo lo necesario para la cita de la tarde. De las excusas cuando te preguntan "¿Dónde vas tan guapa?". Veo cómo te cambias de zapatos en el taxi o usas los probadores del Zara para maquillarte. Se que eres capaz de contestar de forma encantadora cinco mails de clientes, solventar las dudas de tu jefe y arreglarte el pelo en los cinco minutos en los que el taxi tarda en dejarte en el hotel. Y no me hagas hablar de tu calendario de Google. Chica, ¡Ni que fueras ministra! 

Todo esto es para decirte que estoy orgullosa de ti. Sigue adelante, luchadora. Las mujeres como nosotras estamos echas de acero. O eso, o estamos locas de remate.