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ATRÁS

Placer...

  • pruebas
  • por Administrator
  • 03-01-2012

Los humanos tenemos cierta obsesión por organizar, clasificar, distribuir, compartimentar... Nos encanta definir las cosas para entenderlas y hacer más simple nuestra complicada existencia. Pero luego está lo más importante, los sentimientos, que siempre se nos escapan, son como humo, quién puede definir el amor, el odio, el placer o el sexo? Un ejemplo, la definición de sexo en el diccionario de la RAE: placer venéreo (Venéreo: perteneciente o relativo a Venus)...En fin, no seamos duros con nuestros amigos los filólogos, es que no hay forma de definir esa palabra! O peor, hay tantas formas como cerebros humanos hayan existido desde el principio de la humanidad!


El sexo vive en la mente, no en los genitales. Uno puede encontrar placer sexual en un susurro, una silueta, un olor, el encaje, una lengua lamiendo un dedo, un pie pequeño y descalzo... Es cierto que sentir como dos cuerpos se unen es una sensación tan intensa y personal que uno puede llegar a pensar que no existe nada tan especial, pero el límite del placer sólo lo pone la imaginación, y esta no entiende de barreras.


Últimamente me he encontrado con hombres que casi encontraban más deleite regalando caricias y placer que recibiéndolo. Al principio, aunque complacida, me sentía un poco extraña, se supone que en una cita soy yo la que debe de dar placer, pero luego comprendí que en el sexo no se debe presuponer nada, quizás era eso lo que buscaban, puede que fuera esa su fuente de placer.


Y sabéis? Lo entiendo. Personalmente hay pocas cosas con las que disfrute más que dando placer. Me gusta mirar a la cara de mi compañero y adivinar que es lo que me pide, jugar, no apresurarme, ser como un tigre que, entre la hierba, observa a su presa. Me gusta hacerlo con calma y poniendo toda mi alma en ello, como si todo mi cuerpo sólo pudiera responder a esa pulsión que me atrapa. Confieso que me excita dar placer y que no necesito más que saber que mi pareja se deleita con mis suaves caricias para sentirme saciada o para querer más o para volverme loca.