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ATRÁS

Sobre 'la clase'

  • pruebas
  • por Administrator
  • 22-08-2011
Como sabéis, el trabajo de una escort implica que siempre tenemos que estar 'perfectas'. No quiero decir con eso que la clase, la sociabilidad, la cultura, la empatía, no sean igual o más importantes. Pero es cierto que los caballeros que contactan con nosotras esperan a mujeres que encarnen todas esas virtudes junto con una cara bonita y un cuerpo espectacular. Y eso requiere muchos cuidados y preparación!

Entre las muchas tareas 'entre bambalinas' que tiene una chica como yo está la de tener una buena colección de ropa íntima, y justo eso es lo que me disponía a hacer el otro día. Tenía unos ahorrillos bastante considerables, y decidí invertir en unos cuantos conjuntitos para teneros contentos. Así que me dirigí a una exclusiva tienda de ropa interior del centro de Barcelona. Siempre había deseado entrar, pero, mi economía, hasta ahora, no me lo había permitido. Siempre me quedaba embobada mirando el escaparate desde la calle. Pero esos tiempos ya acabaron, hora ya podía entrar y... comprar!

Entré decidida e ilusionada a la tienda, un lugar muy bien ordenado, fresco, reluciente. En las paredes, conjuntos de ropa interior tan finos... tan sexys! Había dos dependientas, una joven y otra madurita. Pues bien, debieron pensar que, como era tan joven, sólo debía estar allí para cotillear porque... no me hicieron ni caso!

Tardaban un montón en indicarme el precio de las prendas y en enseñarme las colecciones y encima ponían cara de que las estaba molestando. Mientras, otras señoras entraban y eran atendidas como si fueran la reina de España. Pero yo no me iba a amilanar, que se habían pensado? Seleccioné unos cuantos conjuntos, me los llevé al probador y decidí que me quedaría cuatro conjuntos.

Salí y me dirigí hacia la señora: "Me llevo esto", le dije. Su cara pasó de ser la de una profesora amargada a la de una encantadora y servicial asistenta. Que sonrisa! Que voz más suave! Que bien que me envolvió la ropa e hizo el lazo en la bolsita! Y, por supuesto, se quedaron con mi número de teléfono y mi correo electrónico, para cuando hicieran "algún evento" yo estuviera invitada.

Me fui de allí sonriendo para mi misma y pensando que, precisamente, no tienen clase los que piensan que la clase o la vulgaridad se miden por el tamaño de la billetera y no por la forma de tratar a las personas.